El 16 de junio, a las 19 horas GMT, Senegal y Francia darán inicio a las hostilidades en el grupo I, considerado por muchos observadores como uno de los más competitivos del torneo. En este contexto, la preparación de ambos equipos se sigue con atención, especialmente la de Francia, que acaba de cerrar su serie de amistosos con una victoria convincente ante Irlanda del Norte (3-1), tras una derrota contra Costa de Marfil (2-1).
En esos dos encuentros, el seleccionador Didier Deschamps experimentó con un sistema 4-2-3-1, haciendo ajustes importantes en la animación ofensiva. Contra Irlanda del Norte, el regreso de Ousmane Dembélé dejó huella. Aunque se esperaba que Michael Olise asumiera un rol central como creador de juego, debido a su gran visión y capacidad para organizar, Deschamps finalmente optó por una organización diferente.

De manera inesperada, Ousmane Dembélé fue reposicionado en el eje ofensivo, actuando como un falso nueve junto a Kylian Mbappé. Es la primera vez en esta configuración desde que Deschamps asumió el cargo, ya que Dembélé suele jugar en las bandas. Esta decisión sorprendió, especialmente porque Michael Olise había ocupado regularmente ese rol de enlace entre el medio campo y el ataque durante las eliminatorias para la Copa del Mundo.
En las configuraciones anteriores, cuando Dembélé, Mbappé y Olise jugaban juntos, la distribución era más clásica: Olise como creador detrás del delantero, Mbappé en punta y Dembélé en la banda derecha. El cambio realizado contra Irlanda del Norte marca una evolución táctica notable, buscando explotar de manera diferente las cualidades individuales de los jugadores ofensivos franceses.
Esta reorganización parece estar directamente relacionada con el nuevo estatus de Dembélé, especialmente por sus recientes actuaciones en el Paris Saint-Germain. Colocado como falso nueve por Luis Enrique en el club, se ha consolidado como un elemento central en el ataque, ganando en eficacia, movilidad e influencia en el área rival. Este crecimiento ha llevado al cuerpo técnico francés a considerar un uso similar en la selección, para maximizar su impacto.
En esta lógica, Olise recupera más un rol en la banda, especialmente a la derecha, posición que también ocupa en el Bayern Múnich. El objetivo es claro: permitir que cada jugador ofensivo se desenvuelva en un registro familiar para optimizar la fluidez del juego y la complementariedad en los últimos metros.
La victoria contra Irlanda del Norte, de hecho, ilustró algunas promesas de este nuevo esquema. El primer gol francés, anotado por Olise, confirmó la pertinencia de esta animación ofensiva más móvil y flexible. Esta actuación anima a Deschamps a seguir en esta dirección de cara al partido contra Senegal y a la Copa del Mundo.

Sin embargo, este sistema presenta límites. Si bien permite valorar la riqueza ofensiva del equipo, también expone a Francia a desequilibrios importantes. Los espacios entre el medio campo y la defensa a veces son demasiado amplios, lo que debilita la estructura colectiva. Irlanda del Norte logró crear varias ocasiones claras, evidenciando un bloque francés a veces partido en dos.
A medida que se acerca el enfrentamiento contra Senegal, esta fragilidad podría convertirse en un punto de atención crucial, frente a un equipo conocido por su velocidad y eficacia en transición.




