El despido de Pape Thiaw al frente de la selección nacional de Senegal marca, sin duda, un cambio significativo para los Leones. Sin embargo, esta decisión no debe hacer olvidar una realidad esencial: las dificultades que enfrenta la selección nacional no pueden atribuirse a un solo hombre. Al poner fin a las funciones del seleccionador y su cuerpo técnico, la Federación Senegalesa de Fútbol (FSF) da la impresión de querer ofrecer una respuesta rápida a una crisis cuyas causas son múltiples. Una decisión así puede parecer una solución inmediata, pero no aborda necesariamente los verdaderos problemas que llevaron a la eliminación de Senegal en la Copa Mundial de la FIFA 2026.
Cualquier análisis serio del recorrido de los Leones debería ir más allá del simple balance deportivo del seleccionador. Una evaluación creíble debe considerar todo el entorno en el que la selección ha evolucionado. Desde hace varios meses, se han mencionado diversas dificultades en torno a la selección nacional. Las críticas han apuntado, en particular, a la preparación de la competición, considerada insuficiente por varios observadores. A esto se sumaron retrasos en el pago de primas, cuestiones contractuales no resueltas, problemas logísticos y un clima interno descrito como tenso. Estos elementos han influido inevitablemente en el rendimiento del equipo y merecen ser examinados con la misma rigurosidad que las decisiones tácticas del seleccionador.

En este contexto, parece difícil cargar con toda la responsabilidad sobre los hombros de Pape Thiaw. El fútbol de alto nivel se basa en una organización colectiva donde cada actor desempeña un papel determinante. Los dirigentes federales, los responsables administrativos, los diferentes servicios técnicos y las autoridades de supervisión participan, en diversos grados, en el funcionamiento de la selección nacional. Cuando se observan varios disfuncionamientos simultáneamente, es legítimo cuestionar la responsabilidad de toda la cadena de decisiones en lugar de concentrar todas las críticas en el banquillo.
Esta reflexión es aún más importante ya que, unos meses antes, los éxitos de la selección habían sido celebrados colectivamente. Después del triunfo continental, las felicitaciones fueron para el seleccionador, los dirigentes, los jugadores y todas las personas involucradas en el proyecto deportivo. Por lo tanto, sería incoherente que, en la derrota, solo el entrenador cargue con las consecuencias más graves. El fútbol funciona según una lógica colectiva: cuando los resultados son positivos, los méritos se comparten; cuando los objetivos no se cumplen, las responsabilidades también deberían ser compartidas.
Buscar un responsable único puede dar la impresión de actuar rápidamente, pero este enfoque corre el riesgo de ocultar los verdaderos desafíos que enfrenta el fútbol senegalés. Una revisión global se vuelve hoy indispensable. Los dirigentes de la Federación deberían presentar su propio balance y explicar las decisiones tomadas antes y durante la competición. Por su parte, la supervisión también debería interesarse en la gobernanza del fútbol nacional para identificar posibles debilidades estructurales y proponer soluciones duraderas.
La estrategia de la FSF :
→ Despedir a Pape Thiaw
→ Nombrar un “gran nombre”
→ Desplegar mediáticamente su narrativa sobre la debacleNadie se engaña. Deben irse.
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— OCG Foot (@ocgfoot) 12 de julio de 2026
Pape Thiaw lleva naturalmente una parte de responsabilidad en los resultados obtenidos por los Leones, como cualquier seleccionador que enfrenta un fracaso deportivo. Sin embargo, sería reduccionista e injusto hacerlo el único responsable de la situación actual. Si Senegal desea volver rápidamente a la cima del fútbol africano y mundial, deberá aceptar un diagnóstico completo, sin complacencias y sin señalar a un simple chivo expiatorio. Es corrigiendo los disfuncionamientos en todos los niveles, ya sean deportivos, administrativos u organizativos, que el fútbol senegalés podrá reiniciar sobre bases sólidas y preparar el futuro con más serenidad.




